Las cenizas del flaco


Así es la cosa, tanto buscarlo y al final mire donde vengo a encontrarlo. Fíjese que parar justo aquí en el bar del gallego, la verdad es el último lugar en que hubiese pensado. Claro, usted es un Cura, en un bar. Veo que le gusta la grapa. Y sí, es un hombre claro. Además, se lo digo con todo respeto, ¿Qué puede importarle a Dios una copita más?

En fin, Padre necesito de su ayuda. No se imagina lo que caminé por media ciudad para encontrarlo.

Le invito otra grapa y permítame que le cuente. No, no por favor, no es cuestión de dinero, para nada. O sí, dinero, pero para su parroquia ¡Quédese tranquilo hombre! Es solo un acto de humanidad. Usted conoció al flaco Sosa. Me consta pues el mismo me dio su nombre. Eso que no era de andar contando su vida y mucho menos visitando iglesias. Pero confiaba en usted.  Hombre raro. Solía parar algún sábado en la Peña Argentina. Sí, la de los hermanos Paz. Buenos tipos. Mucha zamba. Tinto y empanadas. Aunque en realidad ese no es el negocio.

Quizás usted sepa. Al fondo trabajan dos paraguayas. Muy lindas. Bueno eso no importa. La cosa es que el flaco se muere. ¿No lo sabía? Palmó de un infarto. También tanto faso.  La cosa es en parte, extraña. ¿Tendrá tiempo de escuchar la historia? Voy a ser lo más breve posible, No quiero cansarlo. El flaco dejó dinero. No es mucho y va a ser suyo, para su iglesia, quiero decir.

¿Va a pedir otra vuelta?!Mozo! otra vuelta, sí, para los dos. Disculpe que le pregunte ¿Usted es supersticioso? ¿No?, mejor entonces. Vamos al asunto:

Permítame que coloque esta bolsita aquí arriba, no vaya a ser que me la olvide. Gracias. Cuidado con el sifón. No puedo de dejar de pensar en aquella tarde de lluvia, en el boliche de Bachin. Octubre. Un frío que pelaba. Afuera un chiquito mirándonos por el vidrio. Todo mojado. El flaco lo llamó y le pagó un café con leche y medialunas. El chico temblaba. ¿Sabe que hizo el flaco? Se sacó el impermeable, viejo y gastado por tantos años y se lo dio . ¿Sabe lo que me quedó grabado? El flaco le debía plata a todo el mundo. Burrero como él no conocí a nadie más. Y mire lo que hizo. ¡Qué tipo! Sí, ya se, me va a decir que eso no cambia a un mal tipo. ¡Lo pensé tantas veces! Alguien con semejante vicio siendo capaz de sentir pena y ayudar a un pobre pibe. Es para pensarlo. ¡Que extraña es el alma humana!

No quiero distraerlo y me estoy yendo por las nubes, disculpe. La cosa es que el flaco se muere. Nadie se hacía cargo de finado. Así que me dije ¿Y por qué no? ¿Qué pierdo? La tarde del velorio (que como es lógico no fue nadie) llegué hasta la pieza donde el pobre tipo pasó sus últimos años. ¿Por qué fui? No sé, tal vez por curiosidad. Un poco por pena.

El dueño de la pensión, allí nomás me hizo cargo de lo que encontrara. Claro, pretendía cobrar dos meses de alquiler que le debía. Plata no había. Salvo ésta que le dejó a usted. Una pila de los periódicos de carreras de caballos y apuestas “El Gráfico” y otra de la “Fija”. Se jugaba todo.

En el roperito unas pocas ropas. Nada servía. El dueño, al ver que no cobraría nada, se llevó un par de sillas y una lámpara. Puse la ropa y un par de frazadas en una bolsa y las regalé a un pordiosero.

Así se acabó la pobre vida del flaco y empezó esta búsqueda. Por eso estoy ahora con usted. ¿Qué que tiene que ver? Aquella tarde, mientras revolvía su humilde habitación, encontré una libretita negra.

La historia de él o al menos sus ideas estaban allí. Una letra chiquita y parejita decía (subrayado varias veces) PARA EL PADRE MARIO. Así que me hice cargo y salí en su búsqueda. Claro que desconocía la dirección de su parroquia. Buenos Aires es grande. Puedo decirle -yo que soy ateo- que he visitado cientos de iglesias. ¿Si encontré a Dios? La verdad Padre no se ofenda. ¿Por qué Dios estaría en esta o aquella iglesia o en todas? Pagaría mucho alquiler escuchando tantos ruegos…Ja, ja. Discúlpeme.

La cosa es que cuando abrí aquella libreta y comencé a leer las primeras hojas, me atrapó. Era un jugador empedernido. Con tantos vicios escribiendo tan bien. Me hizo pensar, a mí que solo complete la escuela primaria. ¿Cómo no iba a buscarlo Padre y darle lo que el flaco maravillosamente dejó para que al menos alguien se sirviera de ello? No, ya no tengo la libreta. No se haga problema, seré un tipo con poca educación, pero la naturaleza me ha dotado de una memoria muy buena. Tengo todo en mi mente.

¡Que frío que hace cada vez que abren la puerta! ¿Ve a esa mujer en la barra? Esa, sí, anduvo noviando con el flaco. Seguro que no sabe que se murió. No, no voy a decirle nada, que se vaya al demonio. Perdón, al carajo quise decir. Una arpía. Lo entusiasmó. Él se enamoró perdidamente. Fue la única vez en toda su vida que alguien le decía que lo quería. Él nunca tuvo una palabra de cariño, nada. Su niñez transcurrió en un orfanato, luego unos padres adoptivos que lo castigaban duramente. Escapó, vivió en la calle durante años.

Un día un diariero, el viejo Bartolo, lo llevó a su casa. Fue una buena época para él. Pero el viejo duró poco y otra vez el flaco se quedó solo. El viejo le dejó su puesto de diarios y revistas. Allí conoció a esa turra. Lo engatusó. Casi pierde el quiosquito. Lo grave no fue la plata, fue la desilusión infinita que tuvo el pobre. Darse cuenta de la tragedia humana, de su propio y enorme dolor. Y créame Padre Dios no estuvo en ese momento a su lado. Ya sé, me va a decir que no es tema de Dios ¿Entonces si el sufrimiento de un simple ser no es su problema, de que carajo se ocupa?  No quiero ser grosero. No es mi intención. Simplemente le cuento para que pueda entender mejor lo que el flaco me dejó para usted.

¡Otra vez esa puerta! ¡Que frío! Ya es tarde ¿Me acompaña Padre con un especial de crudo y queso? ¿No? ¡Mozo! Un especial de crudo y queso y otra vuelta de grapa.

Le decía Padre, el flaco escribió mucho sobre usted, mejor dicho, sobre la Iglesia. Preguntas interesantes. Al final de la libretita un mensaje claro Por favor entregar al Padre Mario. Y aquí estoy cumpliendo con el pedido de un fallecido. En menos de una hora habré terminado y podrá irse, si me permite, Bien, gracias padre! Usted sí es un humano.

¡Tengo un hambre! Mire que pedazo de pebete, ¿No quiere un poco? No, bueno. Empecemos. Le pido que escuche y no se ofenda, yo solo voy a recordar lo que el flaco dejó, usted sabrá luego interpretarlo.

Comencemos con el Génesis. Él conocía la biblia letra por letra. Le encontré dos. Una grande y otra chiquita, de bolsillo. Resulta que Dios creó el Edén. ¿Sabe dónde lo ubican? Lo contaba él, yo me enteré por la libreta, en Irak. Resulta que allí hay dos ríos. Bueno por allí andaban (hace una punta de años) la primera pareja. Sí, Padre claro que usted lo sabe, déjeme seguir. Vivián a lo grande. Y estaban solos ¿Quiénes lo iban a jorobar? Dios andaba por allí, contento porque había creado a esos dos. Ahora viene la cosa. Resulta que les habían puesto un árbol con manzanas. Mire usted, ya había manzanas. A mí me gustan más las peras.  Aunque ha pasado tanto tiempo que nadie sabe su fue una manzana. Pero de algo estamos seguros, melones no iban a ser

Perdón, sigo.

Pero Dios de entrada les metió una trampa. Si morfaban una manzana estaban sonados. Parece que en lugar de tener que ir al colegio, leer, aprender en años, con solo masticarse una manzana ¡zas! Aprendían todo de golpe. Nooo padre, no me estoy burlando.

Le cuento lo que dejaron para usted. Alguien más daba vueltas por el paraíso. Ja, al final no estaban solos. Estos dos giles, que tenían todo, miraban el árbol y las manzanas rojas y jugosas. Y apareció un bicho asqueroso: una víbora, ¿pero para que corno Dios, de entrada, metió esa porquería de animal Vaya uno a saber. Si habrán picado gente. Yo hubiese metido, no sé, un ciervo, son lindos. En fin, no le vamos a discutir al creador. La cosa que el bicho la convence a la mina de Adán que agarre una manzana. La mina se la morfó. Y allí vino el problemón. Resulta que le tenían prohibido comerla, pues si lo hacían pasaban a saber tanto como Dios. Y tonto no era.

No iba a dejar a dos recién llegados a saber tanto como él. Esa era la manzana del conocimiento. ¿Ahora para qué corno Dios se enroscó probando a esos dos? Si te dicen ¡no hagas esto!, uno va y lo hace. Pero eso no es todo. Los dos andaban en cueros, es decir desnudos. Perdóneme padre, sería el paraíso, pero a mí andar en bolas y no sé, me da pudor. Dios empezó a buscarlos, llamándolos, ¡hijos míos! ¡Hijos míos donde estáis! Eso no lo entiendo. Había creado el universo, ¡todo!, un capo padre y ¿no sabía dónde los dos infelices estaban? Noo, jugando a las escondidas.

Es de locos, ya de entrada. Adán, con un susto de aquellos, pega el grito ¡aquí, aquí estamos! Dios les pregunta por qué se esconden. Bueno allí se avivó que se habían comido la manzana. Y como no podían saber más que el jefe, los rajó a patadas del paraíso y aquí estamos, bien jodidos por esos dos. Pero yo, es mi opinión, Dios se fue al carajo. Uyyy, perdón padre. Allí se pudrió todo. Adán y su mujer tuvieron dos hijos. Uno mató al otro. Un quilombo padre. Ahora, aquí quiero verlo, el flaco la había pensado bien. Surge la humanidad. Habían tenido otros hijos. ¿Me explico? Venimos del incesto. ¡Tuvieron relaciones entre ellos! Una porquería. Eso es feo.

No, no se ponga así padre, aguante un poco. El flaco también había pensado en la historia de Moisés. Según la historia bíblica, fue adoptado en el antiguo Egipto, por el Faraón Seti I. Éste tenía a su propio hijo: Ramsés, quien estaba celoso de su hermano adoptivo. Claro los egipcios usaban a los judíos en las tareas pesadas. Moisés que era judío empezó a ayudar a su pueblo. Su hermano, que no era ningún gil, se avivó de lo que hacía y fue con el chisme a su padre. Es así que don Seti llama a Moisés y le pregunta si era cierto. Moisés ni corto ni perezoso le dice que sí. Que él también es judío. No sabe cómo se puso Seti, como loco. Ahí nomás le gritó que él, el capo de Egipto, lo había tratado como a su propio hijo. Recaliente el farón, da la orden que se borre el nombre de Moisés de todos los monumentos, columnas y piedras varias. Y le dice a Ramsés, que se relamía, -Dejo la vida de Moisés en tus manos- Imagínese Padre que allí mismo podría haberlo matado y listo. ¡No!

¿Qué hizo el estúpido?

Mandarlo al destierro, al desierto. Claro ¿Quién podría sobrevivir con un calor de santa puta? Perdón, se me escapó. Allí viene la cosa Moisés tenía un amigo. Ya ve sin amigos no somos nada. Así que Dios lo ayuda y el tipo llega a una aldea. Allí lo atienden. Dios estuvo piola, lo hace llegar a la casa de un padre con varias hijas. Imagínese los cuidados. Repuesto, el tipo une a su pueblo. Claro que aquellos judíos vivían de joda en joda. Así que Dios harto de tanto libertinaje y buen vivir, les manda las Tablas de la Ley. Chau diversión. Y le ordena a Moisés que vaya a Egipto y libere a l pueblo esclavizado.

Y allí va, orondo a desafiar a al nuevo faraón, que era para entonces Ramsés. La cosa que el tipo llega solo, con un palo largo, a desafiar nada menos que al Dios. No se olvide padre que el faraón era considerado un Dios. Nadie osaba mirarlo de frente (salvo su mujer, claro) Que tipo vivo, creó un cagazo en la gente que ni se imagina. Y allí llega Moisés con su palito. Según lecturas del flaco (de su quiosco) se planta frente a Ramsés y le ordena que libere a su gente. ¡Le ordena! Alguien llegado de la nada le da órdenes. Por supuesto el tipo se hizo el macho porque su “amigo” no era cualquiera. Le habrá dicho anda y me lo amenazas y si no te da bola le metemos palos. Parece que Ramsés le dijo a su asesor (siempre existieron como ahora estos tipos)

¿Éste está loco?

El tema es que allí empiezan una serie de trucos, a lo Houdini, que se manda Moisés. El palito ese que llevaba se convierte en una víbora. Luego vienen las plagas. Que las langostas, que el Nilo hecho sangre, etcétera. Ramsés firme, ni bola. Le dijo seguí con tus truquitos de circo, yo a la mano de obra no la rajo ni loco. ¿Dónde consigo gente para laburar? Al final (como el tipo no daba el brazo a torcer) Dios, en un acto de misericordia, (para el pueblo hebreo) manda a los ángeles a matar en una noche a todos los primogénitos egipcios. ¡Linda matanza! Se manda. Y bueno a esa altura de los hechos Ramsés deja salir a los judíos, luego los persigue. Al final el amigo de Moisés, ante el mar que los detenía, les abre las aguas y las cierra ahogando a las tropas egipcias. ¡Eso es un amigo! Espere Padre le repito no me burlo, el flaco fue su amigo ¿No? Es su voluntad que lo escuche.

Hablando en serio, el flaco decía que esa historia era pura fábula. Los egipcios registraban todo con minuciosidad. Si hubiesen pasado semejantes hechos estarían todos escritos. Es más, durante la vida de Ramsés, que fue larga, nunca tuvieron plagas y las cosechas fueron más que abundantes.

El flaco hace mención a otro tema no menos importante ¡El Manto Sagrado! verso padre, puro verso.

En Turín se forran los bolsillos con los giles que van a ver la sabana que cubrió el cuerpo de Cristo. ¿Cuándo murió Cristo? Sí, ya sé en el siglo I, no soy entupido. ¿Sabe cuándo la hicieron? Últimas investigaciones: Siglo once, después de Cristo, probado científicamente.

Yo le diría Padre que se tome otra copita…lo veo mal…

Sigo:

No hablemos de la Creación y los famosos seis días, usted sabe que no resiste el mínimo análisis. Hoy sabemos cuándo comenzó el Universo, así que la Tierra no se hizo en seis días. ¡Ni Dios es mago!

Recuerdo al flaco una noche de agosto, en el bar de Chichín, ¡que frío! El pibe entró aterido. ¡Estaba descalzo! Temblaba. Alguien le había dado algunos ejemplares de la “Crítica” para venderlos. Ni bien lo vio se puso a llorar. ¡Viera Padre como le caían las lágrimas! Allí nomás lo alzó en brazos y le hizo traer un café con leche, medialunas y un sándwich de jamón y queso. El pibe se comió todo. Se llevó al chico a la casa, le compró ropa y durante un mes fue el padre más dichoso del barrio. Claro que la felicidad no podría durar para siempre. Tuvo que entregarlo a las autoridades. Vaya a saber el destino del pobre. ¡Como sufrió el flaco por eso!

Si le pregunto a usted dónde está Dios en el sufrimiento de inocentes seguro que me dice que de él no es la culpa. Pongamos que no generó las miserias humanas, pero podría mitigarlas y no lo hace. No me haga caso, yo me caliento por temas así. ¡Mándese otra copita!

¿Usted realmente cree que Dios existe? Sí, ya se, es una pregunta estúpida, justamente a un Cura.

¿Y si Dios no existe y todo es pura casualidad? ¿No sentiría usted que trabajó para nada? ¡No se enoje! Recuerde que Jesús dijo ¡perdónalos, no saben lo que hacen! ¡Jesús! El flaco estaba enojado con el tema. Una vez me dijo que para él todo el tema de Cristo era puro verso. Un gran negocio. Que quizás, allá en la época de los romanos, sí existió un tipo que deambulaba hablando de su dios. En ese tiempo de crueldad, tal vez fue posible y hasta normal que alguien hablara de paz. Luego, una vez que lo mataron, comenzaron a usar su nombre y crearon el gran negocio de la iglesia. ¿Dice que resucitó? Nadie lo vio subir al cielo. Si no me equivoco, fue Pedro, que, al día siguiente, fue al sepulcro y el cuerpo no estaba. En una de esas se lo afanaron.

Como ve no es ninguna prueba.

El flaco me preguntó una vez Decime: si Cristo enseñaba a pequeños grupos de personas, iba de aquí para allá ¿Cómo iban a enterarse todos los que vivían en otros lugares? ¿Oriente, América, etc.? Imposible. Entonces los condenaba, pues según sus propias palabras solo ingresarían en el reino de los cielos lo que escucharan sus palabras y aceptaran a su dios. Así ya se generaba un elitismo, la palabra revelada solo para unos pocos privilegiados. No, no, estoy blasfemando, ya le dije soy ateo. Le traigo las palabras, de su amigo. Y no sé, en una de esas, sí está en el cielo, que se yo.

¿Sabe Padre? Nunca terminaré de entender a la gente. Tanto sinvergüenza suelto. Tanto miserable al que nada le importa y el flaco, bueno fue un grande. En su simpleza se desbordaba un alma pura y noble.

Lo recuerdo en su puestito de diarios. Yo solía pasar algunas tardes mateando. Le gustaba mi compañía. Me da un poco de vergüenza confesarlo. Llegué a quererlo más que aún hermano. ¿Por qué? Por comprender que yo jamás podría ser como él. Nunca llegaría a su altura.

Mientras gritaba el diario Crónica o la Razón no dejaba de dar y dar. ¿Qué cosas? Yo durante un tiempo no pude entender por qué paraba a cada vecino y charlaba, charlaba. Con el tiempo me di cuenta que en realidad brindaba amor. Simplemente escuchaba a cada ser. Cada problema. Los demás se desahogaban, confiaban en ser, simple diarero que los tocaba con una palabra justa. Se sumaba a ellos, compartía sus dolores y alegrías. En esa cara delgada, de ojos hundidos y grandes ojeras, brillaba siempre la luz en una sonrisa. La gente pasaba por el kiosco (aunque no comprara el diario) solo para cambiar algunas palabras con él. Aprendí a mirarles las caras. Créame Padre se iban felices. Después del largo día de trabajo, colgándose de los trenes o colectivos, cansados y hasta hastiados de la brutal rutina, esas palabras obraban como un bálsamo. Sí, ya sé que en los últimos tiempos los vecinos comenzaron a dejar su iglesia.

¿Sabe qué opinaba de la Iglesia?

Que todo se convirtió en un gran negocio. ¡No ponga esa cara, déjeme contarle!, solo es una opinión.  Mientras miraba la cara de una mujer embarazada me dijo -pobre chico- ¡Qué mundo le tocará! Desde los primeros tiempos hermosas palabras de amor y respeto fueron usadas para dominar al hombre, someterlo. Crearle falsas esperanzas. -No entiendo- le dije. El siguió mientras la mujer se alejaba y la noche llegaba con una garúa cansina. Cristo. Sí palabras hermosas. Pasó el tiempo, entonces sobre la esperanza que es necesaria y sublime, algunos vándalos crearon la ilusión de un más allá. De un paraíso al lado de un Dios invisible.

¿El costo?, sencillo, la vida misma.

La entrega absoluta. La adoración. La limosna para llenar las arcas. Las bulas para redimir las culpas. La confesión para dejar tranquilas las almas de los pecadores. Nada se puede probar. ¿No te parece fantástica la promesa? Tendrás lo que te prometemos, pero primero tendrás que morirte. ¡Así nadie puede reclamar nada! Mientras tanto a poner la platita y a obedecer. Viva el Vaticano. ¡No se levante si quiere que le entregue el dinero!

El  flaco se ponía serio cuando iba lejos con sus pensamientos. La noche inmensamente oscura se cubría con una lluvia fina y fría. Ya nadie caminaba. Solo nosotros dos en el puestito de diarios. Pero él seguía y yo debía escucharlo. Tal vez para que usted ahora me escuche. ¡No se levente, al menos por respeto a él! Antes de cerrar el kiosco, mirando dentro de sí, dijo – ¡Cuánto tiempo perdido! ¡Cuántas vidas gastadas y engañadas para que unos pocos disfruten de su poder! – La esperanza tan necesaria como la vida misma fue utilizada y llevada a la fe. De allí al fanatismo. Vamos llueve, dijo. él se fue a su piecita yo a la mía.

Padre esa noche no pude descansar

. Tirado en la cama miraba la mancha de humedad que giraba y giraba. La verdad yo no puedo quejarme, tengo mi trabajo, algunos buenos amigos a Dorita, que sabe entenderme ¿Qué más le puedo pedir a la vida? Sencillez y tranquilidad diría usted. No puedo quejarme. Pero esa noche aquella mancha en el techo comenzó dar vueltas y vueltas. Aquellas palabras del flaco me impresionaron. Fue una larga y agotadora noche. Cuando desperté ya no era el mismo. ¿Por qué? Cerré los ojos y viajé muy lejos. Me encontraba en una antigua aldea. Chozas. Inviernos duros. Bosques. Estaba allí, sentado frente al fuego de la chimenea. Una familia con cinco chicos comía en silencio. Se acercaba la noche. En la lejanía se escuchaban claros los aullidos de lobos. Un chico comenzó a llorar. El padre dijo algo en una extraña lengua. Todos estaban muy delgados, sucios y ojerosos. Pude sentir su miedo, su angustia. Supe de los hombres que vendrían a cobrar el impuesto para alguien en un lejano castillo. Vi a sacerdotes sentados junto a grandes señores. Comprendí que se apropiaban de las cosechas, de las vidas de todos. Luego me encontraba en una plaza. Para mi horror una mujer harapienta permanecía llorando atada a un poste. Leña bajo sus pies.

Sonaron unos tambores y un sacerdote dijo algo. La mujer fue quemada viva. Así aquella noche un conocimiento de mentiras, asesinatos y tragedias llegaron hasta mí. El insomnio me llevó hasta el corazón de la Iglesia en Roma. Es extraño yo no soy una persona con gran imaginación, pero le aseguro padre que estuve de alguna forma allí. Poder es la palabra, un poder inmenso. Pasaban las épocas y las riquezas desbordaban. Trajes de oro y encajes. Vi Papas negando la ciencia. Una fuerza suficiente para alejar la luz de la humanidad, para negar lo evidente, para condenar a todos los que ponían en peligro la gran mentira.

Al día siguiente le conté al flaco. Me miró y dijo -vas a sufrir, la verdad te va a doler mucho, más te vale no pensar, déjate ir con la ola, como los demás- ¿Sabe Padre? Hasta aquel día yo iba a la iglesia al menos una vez a la semana. No porque creyera en Dios, el silencio, me transmitía paz. Me sentía bien. Ahora a cada persona con una sotana como la suya la veo con una tristeza infinita. ¿Sí yo odio a los curas? No Padre, para nada. No es cuestión de odiar. Cuando alguien ama a alguien como yo amaba la extraordinaria sensación de paz que me daba la iglesia y lo pierde, sufre inmensamente. No por la pérdida (que me dio la libertad de mi propia consciencia), sino por el engaño. Por comprender tanto sufrimiento y vidas gastadas en tantos siglos. Usaron la más hermosa palabra amor para sus propios y oscuros fines. Prometieron lo que no podían dar. Y la gente creyó, porque ante la necesidad de la esperanza se aferró a lo único que tenían. Se lo digo yo Padre que soy ateo.

Tal vez usted realmente cree en lo que predica.

Eso no cambia nada. Aquella mañana le dije al flaco justamente eso. Si un hombre abraza a la iglesia, tiene sus fieles que lo siguen, es un buen hombre y ayuda a los necesitados ¿Eso estaría bien? Él casi gritó ¡No! De ninguna manera. Si te has pasado la vida engañando, una buena acción no puede compensar el inmenso daño hecho a la humanidad. Lo siento padre. No es mi intención hacerle pasar un mal momento. Para nada.

Por aquel tiempo el flaco le dejó el puesto de diarios a un amigo y se fue.

Tomamos el último café. Allí en el bar de Chichín me lo dijo. -Me voy. Necesito aire, me estoy ahogando. Salgo mañana muy temprano. El Cholo se va a la Patagonia a buscar una carga. Me llevo unos pesos, veré que hago- Solo eso dijo. Durante años no supe nada de él. Hasta la semana pasada. Estaba en Buenos Aires, en una pensión por Retiro. Alguien me avisó de su muerte. Llegué al velorio. En la pobreza del final estaba solo. Detrás del ataúd una enorme cruz mostraba a un Cristo en el suplicio de la tortura. No supe que decirle, habíamos sido amigos. Compartimos alegrías y tantas tristezas. Pero él había logrado sacarme de la multitud. De la oscuridad fui hasta la luz. Tuve la maravillosa fortuna de comprender. Padre comprender es una alegría.

Supongo que usted jamás va a compartirlo.

Le han enseñado todo lo contrario. Imagine que usted sueña durante años que se encuentra flotando a la deriva en un mar inmenso. Le han dado una madera y se aferra a ella. Sin embargo, no puede hacer otra casa que aceptar lo que le dicen. Tiene miedo a dejar la tabla. Pocos hombres poseen el coraje de soltarse y nadar. Es un gran salto. Ya no hay a que aferrarse. Uno está solo pero libre. Entonces se divisa, a lo lejos, la tierra. Ya no es una falsa esperanza. La libertad comienza allí. Sin certezas absolutas, pero sin ataduras, sin patrones, sin jefes, sin temor. Sí padre, el flaco me liberó de las ataduras. Como le decía pensar es una alegría y a la vez un dolor, porque ve a todos los que aún siguen encadenados.

No más hogueras ni castigos celestiales para las ovejas perdidas. Es maravilloso, ya no necesito un Dios. ¡No se enoje! No estoy negando su existencia. Es más, si existe no tiene para mi ninguna importancia. Ni él ni nadie pueden alcanzarme a hora. Mi vida es mía y de nadie más.

Luego de acompañarlo al cementerio fui a su pensión. Pocas cosas había dejado. Le dije que regalé la mayoría. Allí sobre su pequeña mesa estaba la libreta. Su letra chiquita y clara decía para el Padre Mario.

Sus últimos años, allá en el lejano sur, fueron los más fructíferos de su vida ¿Negocios? Para nada. A él el dinero solo le importaba para subsistir y compartir con sus semejantes.

Leía su Diario, pasaban las hojas y no podía creerlo. Un ser casi insignificante. Un humano más en esta ciudad poblada por millones de seres anónimos, él, uno más. ¿Quién podría imaginar que allí, en una de tantas esquinas, un ser maravilloso vendía diarios? Le contaré y usted me dará su impresión. Tenga en cuenta que solo nosotros dos podemos ver toda la historia. Para cada ser que él sacó de la oscuridad y le dio esperanzas, simplemente fue una acción. Pero cuando vemos toda su obra es la de un gigante. Solo alguien con un inmenso y desinteresado amor por la gente pudo haber hecho algo así.

Recorrió gran parte de la Patagonia. Pequeños pueblos de gentes perdidas. Seres olvidados. Él veía la corrupción en las grandes ciudades. En una tarde de mayo, cuando el frío jugaba con los pocos vecinos que aún quedaban en la calle, me dijo -aquí ya no hay salvación. La vida se les escapa a todos sin que se den cuenta. Han buscado la facilidad de tenerlo todo cerca y ya ves, horas para llegar de un lugar a otro. Barrios paupérrimos rodeados de basura. Ya no les quedan momentos libres, solo otros días exactamente iguales. Están perdidos-.

Su viaje comienza en Avellaneda. Una mañana de niebla (aún no amanecía) cruzó el puente Pueyrredón. Media hora más tarde subía al camión del gordo Pablo con destino Carmen de Patagones, el comienzo del desierto. Desde allí vería. Soñaba con llegar por el este hasta el fin del continente. A Punta Dúngenes.

En varias oportunidades, cuando dejaba que su mente lo sacara de la ciudad y lo llevara lejos, dijo, el sur. El lejano sur. Hasta el final de todos los caminos. Dejar atrás tanta suciedad. Encontrar cielos limpios. El viento barriendo la inexorable estepa. Sí, sí, allí habrá gentes aún no contaminadas.

Hacia la noche de ese día llegaron a destino. Allí comenzaba la soledad, el campo abierto hacia el esquivo horizonte. En un pueblito buscó una pensión y pasó esa primera noche soñando que era libre al fin.

La siguiente mañana desayunó en una estación de servicios. Su único equipaje fue una valija de cartón y un pequeño bolso. No necesitaba más. Se había desprendido de todas las pocas comodidades, aunque guardó una vieja radio a transistores, su fiel Spika.

Una vez me dijo: ¿Te das cuenta que nadie es libre? Todos estamos sumidos en un gran sueño colectivo. Creemos, esa es la palabra, que necesitamos más y más cosas. Que seremos felices si lo tenemos todo.

¡Me está mirando mal Padre! De Ninguna manera. No fue a quitarle la fe a nadie. Jamás hubiese hecho algo así. Fue un tipo noble, incapaz de ninguna bajeza. Trabajó en cada estancia y pueblo que encontró. Por las noches cantaba. Sí, cantaba. Tenía buena voz. Una vez que lo aceptaban comenzaba su verdadero trabajo. Hacía preguntas. ¿Para qué? Para hacerlos pensar.

Contaba largas historias, para entrar en tema. Alguien daba su opinión, luego dejaba opinar otro y luego. Así de la primera idea se lograban dos cosas: primero desarrollarla y mejorarla, una especie de puja de ideas y segundo una vez terminada la reunión, cada uno de los presentes había cambiado extraordinariamente, ahora se hacía preguntas. Cuestionaba lo que le había obligado a aprender. Poco apoco se convertían en otras personas. A las que ya no podrían engañar con facilidad. Hasta allí contó su viaje. Cómo o porqué regresó no lo escribió en ningún lado. Cuando me encontré frente a su féretro me pareció, que, en lugar de la rigidez de la muerte, había una suave sonrisa. ¡Quién sabe! Si hay algún lugar sin sufrimiento, ojalá esté allí.

¿Qué me estoy volviendo creyente? No, para nada.

Le soy sincero, prefiero la nada. Me refiero a nada de nada. Al olvido para siempre. Así no puede existir dolor de ningún tipo. Pero me da un poco de bronca ¿sabe? Si no hay nada todos los turros de este mundo, todos los que han causado mal, los falsos profetas, no tendrán ningún castigo. No me venga con el perdón. Si fue un jodido tendría que pagarlo y bien caro. ¿Qué estoy hablando de un infierno? Pero no, Padre. El infierno está aquí, en este momento, solo que usted no se ha dado cuenta. ¿Tiene miedo? ¿Acaso puedo ser un demonio? No va a convencerme que realmente cree en esa pavada. Miré allá enfrente.

¿Ve a ese pobre viejo encorvado? Se protege del viento. Cada noche se para allí, con algunos diarios. Vende Crítica. ¿Cuántos pesos piensa que gana? ¿Dónde vive? ¿Quién ha pensado en él? Mire para allá. Sí, enfrente. Esa piba de falda corta y con este frío. Se llama Rosa. Tiene un pibe, vive acá a la vuelta en una piecita. Espera algún cliente. La está condenando, ya veo su mirada. No Padre, tiene que comer. Tal vez si su patrón quisiera podría mandarle a alguien, así no pasa tanto frío. No, no es blasfemar, es desearle el bien a alguien. Si yo fuese Dios, todo este infierno no sería tan helado, tan brutal. Me fui del tema, discúlpeme. Se ha hecho tarde.

El flaco dejó este paquete para usted

, es decir para la iglesia. No sé si es mucho, pero para un pobre como fue él, significó un montón. ¿por qué se lo dejó para todo aquello que negaba? Sabía que repartirlo alcanzaría para muy pocos. Pero si se lo daba a usted estaba seguro que tampoco serviría de mucho. ¿Y entonces? Quiso darse un último gusto y yo cumplí. Un día me dijo que querría subirse a una montaña, la más alta, y gritar con todas sus fuerzas para que el mundo lo escuchara. En ese sueño imaginaba unas palabras que toda la humanidad pudiese escuchar, para que despertaran del sueño. Pero no era posible. Los falsos profetas habían ganado. Quizás por ahora, pero la esperanza nunca se pierde ¿no es así padre? Solo le quedaba un último e ínfimo camino ¡darse un gusto! Decirle en la cara a alguien que la fe está basada en aquello que no puede probarse. Que sin fe no hay manipulación, sin manipulación no hay miedo y sin miedo no hay poder. Es decir que estos pesos que se lleva han pagado esta charla. Puede gastarla en lo que quiera. Padre antes de irse ¿Y si el flaco hubiese sido quizás un alma celestial?

¿Usted que vendría a ser? Puede irse. Ha comenzado a llover. Mire Dios en una de esa me escuchó, allá se va Rosa con un cliente. Yo voy a buscar al viejo de los diarios para que tome algo. Usted vaya, padre, vaya a rezar. No creo que lo escuche. Buenas noches.

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