Arena entre los dedos

¡No te vayas todavía! ¡Quédate unos minutos más!

Estoy tan solo y la noche está tan fría.

Mi ventana me trae aún más congoja,

la calle solitaria y vacía, las veredas húmedas

 y esa bruma que repta y enfría los huesos.

¡No te vayas! Déjame recordar el color de tus ojos,

eran de color almendra, tus grandes ojos fijos,

que alguna vez me miraban con asombro y ternura.

No, no color almendra, tal vez, marrones, como las hojas muertas que el viento se empecina en juntar en las esquinas.

¿Ves? Ya voy perdiendo los recuerdos.

Es el tiempo que se empecina en borrar toda huella.

¡Quédate! No quiero perder tu recuerdo. No, no quiero.

Déjame sentir mis manos en tu piel desnuda.

El calor que tantas veces nos dimos,

El fuego que crepitaba en nuestros cuerpos

Y llevaba nuestras almas hacia el infinito.

¿Recuerdas cuando la sensación de sentirnos uno era todo?

¿cuándo no existían aun las grises nubes y juntos corríamos descalzos sobre la hierba?

Cuando soñábamos con viajar al otro lado del mar,

Y caminar el mundo ¡Cuántos sueños!

Aun siento el olor de la madera en la chimenea

Mientras en nuestra pequeña cabaña,

nos amábamos hasta el frenesí y afuera la nieve nos ocultaba del mundo.

¡No te vayas! ¡Espera! Aun puedo sentir calor de los leños,

 el chisporrotear de la madera, nuestros cuerpos juntos,

Tu sonrisa inmensa. Tu alma plena, solo para mí.

Me hundía en tus ojos, tocaba tu alma, me encendías la vida.

No existía el temor, ni el futuro, ni el dolor, solo nosotros.

¡Espera! Aun siento tu olor. Aun puedo escuchar tu voz

 y esa maravillosa y única palabra que me decías ¡te quiero!

¡No te vayas! ¡Quédate un poco más!

No comprendes que las horas pasan lentas.

La lluvia está llegando y estoy tan solo.

¡Sí, si te veo aquella tarde de verano con tu vestido azul!,

reías y tu sonrisa iluminaba al cielo.

Fue mi culpa, lo acepto,

 pero está corto el amor y tan largo este olvido.

¡No te vayas! ¡No vayas! Cierro los ojos y aun estas aquí.

La noche corre y el silencio trepa en mi habitación.

Solo el sonido de las gotas insensibles en el cristal

borronean aún más a la noche.

Mañana y otro día y otra noche solitaria

pasarán y te iré perdiendo lenta e irremediablemente.

Tus ojos, tu piel tibia, tu cuerpo en mis manos,

tu risa clara y fresca. Todo, todo desaparecerá.

Pasarán los años y un día, igual que hoy me preguntaré,

En la inutilidad de toda respuesta ¿cómo pude perderte?

¿Infierno? Sí, seguramente existe

 y es este recuerdo tuyo, que se marchita

y que como arena entre las manos se va convirtiendo en nada.

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